sábado, 1 de septiembre de 2012

LA OTRA JUSTICIA



            En el cine y la TV los juicios públicos han sido materia de amplia indagación por las producciones norteamericanas. Desde el humor hasta el drama, una gran variedad de argumentos han subido al estrado.
            Pero existe –aparte de las vistas en pantalla- otra justicia, la del sistema judicial real y cotidiano, la del día a día.
            La presencia en Salta de Edward Charles Prado, Juez de la Cámara de Apelaciones Federal de los Estados Unidos, como disertante en la Escuela de la Magistratura de la Provincia, mueve a recordar las varias similitudes  que existen entre los sistemas judiciales argentino y norteamericano de orden federal, pero también  las grandes –enormes- diferencias que se advierten entre ambos.
            Circunscripta la mirada a los tribunales federales, excluyendo los provinciales y comenzando por las Cortes Supremas, una primera similitud es el procedimiento utilizado para fijar el número de  sus integrantes y la forma del nombramiento. En ambos países lo dispone por ley el Congreso y ese número, en los dos países, ha sido variable en el tiempo. En Argentina inicialmente los Ministros de Corte fueron cinco según una ley de1862, un siglo mas tarde, en 1958 un Decreto-Ley aumento los integrantes del Alto Cuerpo a siete, modificación que duraría poco tiempo: en julio de 1966 otra ley los redujo a cinco. En abril de 1990 nueva ley y nuevo número de integrante: se eleva a nueve miembros, composición que recientemente -en 2006 por ley  26.183- se reduce nuevamente a cinco ministros de Corte, con la particularidad que a ese número se llegará paulatinamente al disponer la norma que no deben cubrirse las vacantes definitivas que se vayan produciendo.
            Por tu parte el Alto Tribunal estadounidense tuvo un historial parecido, aunque no igual: inicialmente, en 1789, sus integrantes se fijaron en seis, número que leyes posteriores modificaron en cuatro oportunidades, la última es el año 1869 y fijó en nueve la cantidad de magistrados, esta norma que rige hasta el presente. Pero si bien es una similitud, también es una diferencia:  muestra el respeto que el Parlamento americano tiene hacia el Poder Judicial, al no haber modificado la cabeza de esa institución en casi un siglo y medio.  
            El equilibrio de género en la composición del Tribunal es también similar: en ambos casos resulta proporcionalmente casi igual ya que la Corte argentina la integran dos mujeres sobre un total de siete miembros mientras que el tribunal americano  hay tres juezas sobre un total de nueve integrantes. El rango etario, en cambio, marca alguna diferencia: aquí el más joven es el Presidente, Ricardo Lorenzetti (56 años) y el decano es Carlos Fayt (94), los separan 38 años, en la Corte americana la  Jueza Ruth Bader Ginsburg (79) y la más joven Elena Kagan (52 años) reducen la diferencia a 27 años. 
Una similitud de orden general ocurre con los nombramientos, por tratarse de justicia federal.  En ambos países la designación corresponde al Presidente de la Nación, con un posterior y necesario acuerdo del Senado. Pero en el modo de sustanciarse esa designación se pueden señalar dos diferencias de peso: en ambos países hay fuertes lobbys para posicionar a un candidato, especialmente para la Corte Suprema; la diferencia estriba en que aquí se hace tras bambalinas y allá a la luz del día, la actividad lobbysta es lícita, está regulada y se realiza públicamente. La otra diferencia reside en la importancia que, en cada caso, los Ejecutivos otorgan a la cobertura de vacantes y a que la fluidez de la administración de justicia no sea afectada por esa causa. Sobre el punto los número son elocuentes:  al día 26 de agosto, para una estructura de 874 jueces federales  las vacantes estadounidenses ascendían a 77; diariamente el gobierno americano informa sobre la evolución de vacantes en el sitio http://www.uscourts.gov/Home.aspx . En Argentina por su parte,  existen 80 ternas esperando que el Poder Ejecutivo elija un nombre para remitir al Senado, 36  ya llevan dos años de espera. El Consejo de la Magistratura de la Nación, hoy altamente politizado, envió apenas 3 ternas en 2011 y sólo dos en este año.
Detrás de esas concordancias y diferencias, aparecen dos filosofías diferentes, distintas, utilizadas para impulsar el eficaz funcionamiento de la administración de justicia. De la otra Justicia.


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