viernes, 6 de enero de 2012

LA RELACION MEDICO PACIENTE Y SUS CAMBIOS


¿Se va extinguiendo en este nuevo siglo la relación de afecto y respeto que vinculaba al enfermo con su médico? El tema inquieta a propios y ajenos.
En 2001 el Dr. Aquiles J. Roncoroni (1923-2005) ya se preocupaba por el ocaso del centro médico académico –ese lugar donde convergían la asistencia al enfermo, la docencia médica y la investigación- señalando de paso que el sistema estaba obligando al médico a gastar de su tiempo haciendo tareas de asistente contable. Le desvelaba también que la medicina gerenciada y la privatización de la salud fuese vista por muchas administraciones como un gasto y no como una inversión social, obligatoria además.
Un lustro antes el Dr. Camilo H. Raffo describió similares situaciones en un pequeño ensayo titulado “Una vieja amistad” narrando que “al principio, en el inicio de su relación, estuvieron sólo los dos. Se encontraban porque se necesitaban mutuamente”, uno porque estaba enfermo y el otro, armado sólo con termómetro, estetoscopio y una pañoleta, porque se encargaba de su curación. A esas dos personas después se sumó el boticario -“desde afuera y sin interferir”- y más tarde el laboratorista realizando análisis. Pero el progreso de la medicina incluía la complejidad que hizo ingresar entonces al especialista y luego la tecnología trajo al ingeniero también. La expectativa de vida se extendía pero los costos se incrementaban exponencialmente y para poner orden se sumó al equipo el contable, partícipe del hecho de curar pero a la luz de los números. Concluía Raffo que aquella habitación ocupada en su inicio por el médico y el paciente, se había transformado en una sala de reuniones con una gran mesa, el médico ocupando una cabecera y el enfermo la otra, pero la cantidad de comensales interpuesta entre ambos interferían y distorsionaban la comunicación y así fue apagándose poco a poco la antigua y cálida relación originaria.
El Dr. Ignacio Escribano en “Volver al viejo médico de la familia es sano” narraba en 1999 que un prestigioso fisiólogo francés del Siglo 19 –Claude Bernard- interrogado sobre cual había sido el invento médico más destacado de la historia respondió: “la silla”. Concluía Escribano que desde la silla el paciente puede expresarse y ser detenidamente escuchado por su médico, sugiriendo que hoy la relación con el paciente al pasar por estudios de laboratorio y exámenes complementarios casi ha eliminado la contención de escuchar, citando a Ginés González García, quien afirmaba que la subespecialización ha hecho perder la confianza en el profesional “por eso se está tratando de volver al médico de familia”. En 1996, la Facultad de Medicina de la UBA decidió incorporar la disciplina dentro del listado de sus materias; hoy está divida en dos partes, una corresponde al primer año de la carrera y la otra en el ciclo internado anual rotatorio.
Escribano añadía que si el paciente ya no siente al médico como propio, lo mismo le ocurre a los galenos, que parecieran verlos como propiedad de los sistemas de cobertura prepaga. Concluía que el vinculo que originariamente fue “de a dos” hoy no existe y conjetura que ello causa el crecimiento de las “medicinas alternativas” que tienen algo que la medicina tradicional ha dejado de ofrecer en gran medida: escucha, tiempo, contención.
El ensayista y filósofo Santiago Kovadloff, desde otro ángulo, ha sostenido que “escuchar al enfermo ha dejado de ser imprescindible e incluso ya hay quienes estiman que la relación con su cuerpo (palparlo, auscultarlo) ha pasado a ser un menester soslayable tanto como oírlo, dado que la tecnología suplanta hoy con holgura los mejores afanes del contacto directo. La desconfianza ya no recae sobre la medicina sino sobre el médico como tal”.
Es todo un tema, cada profesional puede enfocarlo según su propio criterio, no obstante cuando es el Estado -sea nacional, provincial o municipal- el responsable de la gestión, no puede dejar de pautar con criterio humanista y social las relaciones médico-pacientes en los centros de salud que estén a su cargo. En tales circunstancias los profesionales quizá tengan mayores deberes a cumplir, nacidos de una relación laboral libremente aceptada para desempeñarse para atender consultas siguiendo el modelo biopsicosocial.
Como escribiera Aquiles Roncoroni, el cuidado de la salud o el tratamiento de la enfermedad no es algo optativo para la gente, por eso en medicina, el tratamiento debe ser siempre el mejor disponible, no necesariamente el más caro decía, “pero sí el más adecuado a cada paciente en su circunstancia”. En una tácita pero clara referencia a un componente intangible: la vocación.

Armando J. Frezze
(Publicado en diario El Tribuno de Salta, 31 de diciembre 2011)

-Si desea enviar esta nota a otra persona, haga click sobre el icono con la letra M que se
  encuentra a la izquierda de la barra de opciones, ubicada justo debajo de estas líneas.
-Salvo indicación en contrario, la producción de las ilustraciones es del autor.
-Permitida la reproducción de esta columna indicando la fuente.