lunes, 20 de mayo de 2013

LA CLARIDAD, UNA CARACTERISTICA DEL PAPA FRANCISCO



                                    Publicado en el diario El Tribuno,

Salta, 20 de marzo del 2013


                Era el día de la solemnidad de San José y por eso mismo, el Papa hizo de la vida y  temperamento del padre de Jesucristo, un espejo en el cual pudiera mirarse cada persona en el mundo; tal sería la síntesis de la homilía del Santo Padre en la Misa de Asunción al pontificado. Pero también puede estar teñida de alguna subjetividad de mi parte, por ser argentino y exalumno jesuita, simultáneamente.
                Condición que me obligó a reparar que el inicio de la alocución  transita tres tramos diferentes; inicia saludando con afecto a miembros y jerarquías del clero y a los fieles laicos. El segundo agradece la presencia de representes de otras iglesias, comunidades eclesiales y religiosas y en el cual no resulta un dato menor nombrar a los representantes de los hermanos mayores en la Fé, la comunidad judía, de manera expresa.
                Finalmente dirige un cordial saludo a los jefes de estado, de gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático;  o sea,  las cabezas visibles del poder temporal de buena parte del mundo.
                A todos les solicita por igual el cumplimiento de un mismo deber, el de custodiar los dones de Dios.
                “Custodia” y “custodiar” son el leit motiv de la homilía; al poder temporal, “todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social”, les requiere  custodiar el medio ambiente, la naturaleza, evitar la destrucción  y la muerte; les pide no olvidar que el verdadero poder es el servicio, hecho con  humildad, discreción y en forma constante,  atendiendo especialmente a los más pobres, los más débiles y los más pequeños. Custodiar es un concepto que significa conservar, proteger pero también vigilar y defender, y reclamo no se agota con quienes ejercen el poder temporal y con las jerarquías eclesiales, el Papa Francisco se lo pide también a toda la humanidad, “a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”.
                Resulta destacable la claridad del mandato: cuidar de los hombres y cuidar de la Tierra es un servicio que no sólo atañe a los cristianos sino que por su dimensión corresponde a todos, sin excepción: “En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre y es una responsabilidad que nos afecta a todos.”
                Claridad posee también su insistencia en custodiarse a si mismo del odio, la envidia y la soberbia; tanto como  preocuparse por el prójimo, “especialmente por los niños y los ancianos, quienes son más frágiles y que, a menudo, se quedan en la periferia de nuestro corazón.”
                 Tal vez haya insinuado poner en valor el  “amar al prójimo como a ti mismo”  en lugar del actual “ama los bienes como a ti mismo”. La rústica chimenea con bonete, que hipnotizó al mundo antes de la ansiada nubecilla blanca, pienso que es una justa metáfora visual de las palabras de Su Santidad.